Cómo probar un café con atención, sin ser catador

Mesa de cata con tazas en fila, una balanza y un gotero de filtro

Catar un café no es adivinar si sabe a arándano. Es prestar atención con un orden, siempre el mismo, para poder comparar. Los catadores profesionales usan un formato estricto porque necesitan que sus notas signifiquen lo mismo para todos; en casa basta con el orden, y se aprende en una tarde.

Lo único imprescindible es probar dos cafés a la vez. Un café solo no se puede juzgar: no hay contra qué. Dos cafés distintos, al lado, enseñan más en diez minutos que veinte tazas por separado.

Mesa de cata con tazas en fila, una balanza y un gotero de filtro
La mesa de cata: siempre más de una taza · foto del banco de Experiencia Cafetera en Pijao

Las seis cosas que se evalúan

Qué Cuándo Qué preguntarse
Fragancia el café molido, en seco ¿a qué huele antes del agua?
Aroma al echar el agua caliente ¿cambia respecto al seco?
Acidez al primer sorbo ¿brilla, como una fruta? ¿o es plano?
Cuerpo en la boca ¿es ligero como té o espeso como caldo?
Dulzor mientras se enfría ¿aparece dulzura sin azúcar?
Residual después de tragar ¿cuánto dura y a qué sabe lo que queda?

La acidez es la que más confunde: en café no significa agrio ni que caiga mal. Significa vivacidad, como el brillo de una fruta fresca. Un café sin nada de acidez suele ser un café plano, no un café suave.

León Campo de perfil con una bandeja de café tostado
Antes de la taza hay que mirar el grano

Cómo hacerlo en casa, en diez minutos

  1. Dos tazas, dos cafés distintos. La misma cantidad en las dos: dos cucharadas soperas de café molido grueso por taza.
  2. Huele el molido antes de nada. Esa es la fragancia.
  3. Echa el agua muy caliente pero no hirviendo —espera medio minuto después de que hierva— y déjalo cuatro minutos. Se formará una costra arriba.
  4. Rompe la costra con una cuchara acercando la nariz. Ese golpe de aroma es el mejor momento de la cata.
  5. Retira la espuma y espera a que se temple. Un café muy caliente anestesia la lengua y no deja probar nada.
  6. Sorbe fuerte, para que el café se reparta por toda la boca. Suena mal y funciona.
  7. Vuelve a probar cuando esté casi frío. Aquí es donde los cafés se delatan: el bueno sigue siendo dulce, el malo se vuelve áspero.
Cocina de leña de una finca cafetera, con ollas de peltre y un molino de mano
La cocina de la finca: aquí no hace falta equipo

Escribe lo que notas, no lo que deberías notar

La parte más útil es también la más incómoda: anota con tus palabras. Si te recuerda al olor de una panadería, escribe panadería. El vocabulario de catador —«jazmín», «grosella»— sirve para entenderse entre profesionales; para ti, lo que sirve es tener un registro propio que puedas comparar dentro de un mes.

Y si dos cafés te saben igual, no es que no tengas paladar: es que probablemente sean parecidos. Prueba un lavado contra un natural — esa diferencia no se le escapa a nadie.

Catar es la única parte del oficio del café que puedes hacer tú. Todo lo demás ya ocurrió en la montaña.

León Campo levantando una taza de café en su puesto, con el molino y las bolsas detrás
Quien lo cultivó, sirviéndolo